Chiautempan, Tlax  
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Chiautempan starmedios
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Chiautempan: Historia, personajes ilustres, significado y escudo

Denominación
  Chiautempan, Santa Ana Chiautempan.
Toponimia
  Chiautempan del náhuatl chiauhtempan , proveniente de chiatl , ciénega, con la u como enlace eufónico, así como temp de tentli , orilla y la terminación locativa pan . Así, Chiautempan significa “en la orilla de la ciénega”.
Glifo
 
glifo Chiautempan

CHIAUTEMPAN, HISTORIA

Epoca prehispánica

El municipio de Chiautempan constituye uno de los escenarios más representativos del quehacer cultural de las fases Texcalac y Tlaxcala (650 a 1519). Si bien durante las fases Tezoquipan y Tenanyecac la historia registra la existencia de algunos sitios con ocupación humana; sin embargo, la información al respecto aún no es muy precisa. Es muy probable que a la llegada de los grupos teotihuacános, durante la fase Texcalac, la población de esos sitios fue absorbida por los nuevos pobladores.

Fase texcalac

En opinión de los arqueólogos Angel García Cook y Leonor Merino Carrión,

Chiautempan fue una fundación teochichimeca que aparece en la segunda mitad de la fase Texcalac (900-1100 d.n.e.). 3 A su vez, el destacado historiador tlaxcalteca don Luis Nava Rodríguez, apoyándose en el texto de “Los municipios de Tlaxcala”, elaborado por el Centro de Estudios Municipales del estado en 1959, indica que la población de Chiautempan fue fundada por los teochichimecas en 1384. 4

De los datos anteriores se deduce que existe un diferendo de fechas. Los arqueólogos sustentan su argumentación en la exploración y recolección de materiales arqueológicos en la zona por más de dos décadas, que les ha permitido clasificarlos por sus características en la fase Texcalac, mientras que el Centro de Estudios Municipales, y consecuentemente don Luis Nava, tienen como fuente de sustentación las notas que don Alfredo Chavero elaboró para la edición de 1884 de la historia de Tlaxcala, de Diego Muñoz Camargo, quien sitúa la llegada de los teochichimecas a Tepeticpac en el año 5 pedernal, fecha del calendario indígena que don Alfredo Chavero la comparara con el año 1380 del calendario occidental. De ahí que establezcan la fundación de Chiautempan cuatro años más tarde de éste acontecimiento. Sin embargo, es necesario hacer notar que si la llegada de los teochichimecas procedentes de Poyahutlán a Tepeticpac se sitúa entre los años 900 y 1100, ello tenderá a modificar la historia prehispánica de Tlaxcala de manera sustancial, implicando una profunda revisión de los acontecimientos ocurridos en el área. En espera de que la máxima institución de investigación en la materia, el INAH, haga las aclaraciones pertinentes se describirá la historia de Chiautempan conforme a las investigaciones publicadas hasta ahora.

Tlaxcala había tenido su mayor esplendor cultural durante la fase Tezoquipan (350 a.n.e., al 100 d.n.e.), y había entrado en otra fase cultural de estancamiento durante el periodo conocido como Tenanyecac (100-650 d.n.e.) En síntesis, durante la primera mitad de la fase Texcalac, conviven en el actual territorio de Tlaxcala cuatro culturas: al sur la cultura Cacaxtla o de los olmecas-xicalancas; al centro y noroeste la cultura Texcalac; al norte, el complejo Acopinalco y en el extremo noroeste (Calpulalpan) la cultura teotihuacána.

La convivencia entre los diferentes grupos culturales no fue fácil, ya se ha visto de qué manera los grupos Texcalac ocupan el corredor comercial teotihuacáno, pero no se ha mencionado los conflictos ocurridos entre este grupo y los olmecas-xicalancas. Hacia el año 850, éstos empiezan a perder el control del valle poblano - tlaxcalteca ante el empuje de los grupos Texcalac que van minando la rectoría de Cacaxtla. Este debilitamiento lo aprovechan los antiguos pobladores de Cholula, quienes reinician el florecimiento de su ciudad estableciéndola un poco más al norte de la fundación original. Esta, conjuntamente con Huejotzingo, marcará la separación de los asentamientos del valle poblano de los tlaxcaltecas.

En estas circunstancias durante la segunda mitad de esa fase, entre los años 900 y 1100, empieza adquirir la hegemonía regional el grupo teochichimeca que liderea los asentamientos del centro y del este de Tlaxcala, desde el señorío fortificado de Tepeticpac. A fines de la primera mitad de la fase Texcalac van conformándose varios señoríos, que en la segunda mitad se consolidan como señoríos confederados dando origen al estado militarista de la confederación de Tlaxcala.

Así Chiautempan, que debió ser una villa en la primera mitad de la fase Texcalac, aparece como un señorío de la confederación tlaxcalteca durante la segunda mitad de la fase Texcalac, conjuntamente con los señoríos de: Tepeticpac, Tepeyanco, Ocotelulco, San Francisco Tlalcuilohcan, San Simón Tlauhquitepec, San Tadeo Huiloapan, Oxtotlapanco, San Dionicio Yauhquemecan, Xaltocan, San Simón Xipetzingo, cerro de San Pedro Ahuatepec, Santa María Texcalac, Toluca de Guadalupe, Ahuashuatepec, Comalteapa, en la Magdalena Tlaltelulco, San Jerónimo Zacualpan y Techachalco.

Una reconstrucción acerca de cómo fue el señorío de Chiautempan es difícil, pues como han señalado los arqueólogos del INAH, buena parte de los edificios, monumentos, piezas y artefactos, yacen debajo de la actual ciudad de Chiautempan. Sin embargo, con los materiales recogidos en algunas excavaciones realizadas y de los obtenidos en éste y en otros asentamientos Texcalac, es posible intentar una descripción del señorío de Chiautempan y de sus formas de existencia.

Chiautempan no se distinguió por una arquitectura religiosa monumental, como la que existió en los sitios pertenecientes a las fases anteriores a la Texcalac. Su arquitectura fue más bien de dimensiones modestas, orientada a satisfacer las necesidades residenciales de la casta militarista que mantenía el control sobre el resto de la población. La mayoría de las plataformas construidas son bajas, usando materiales como la piedra, los adobes, o los ladrillos cocidos para su cimentación.

Los artefactos líticos fueron abundantes, sobre todo las puntas de proyectil usadas en lanzas, lanza dardos y, en menor proporción, para arco y flecha. Destacan las navajas prismáticas de obsidiana, y los numerosos desfibradores de piedra tallada para obtener fibra de maguey, con la cual se elaboraban textiles, cuerdas, redes, etc. Los metates y morteros, así como sus respectivas manos varían en forma y arreglo, respecto a las fases anteriores.

La cerámica del periodo temprano de tipo monocroma, se continúa produciendo durante la subfase tardía en sus variedades Texcalac-café oscuro y Texcalac-naranja, pero también se produce la cerámica policroma en sus variantes negro, blanco y rojo sobre naranja exterior e interior. El material de éstos consiste en una pasta porosa con agregados de ceniza volcánica en la superficie exterior. Sobre el color naranja los ceramístas diseñaron formas geométricas, consistentes en líneas rectas dispuestas en bandas; líneas paralelas radiales; gruesas bandas de cuadretes alternados; ganchos y xicalcoliuhquis estilizados, etc. Si bien las formas tienen cierta influencia de la cerámica de Cholula, Tepeaca y Cuauhtichan, tiene características propias, las cuales han llevado a los especialistas a llamarla cerámica policroma-tlaxcalteca.

Las formas de esta cerámica incluye, además de los recipientes de uso cotidiano, los comales y los malacates o pesos de uso para hilar, encontrándose una gran variedad de los livianos para el hilado del algodón, y los pesados para el hilado de ixtle o fibras de agave.

Las figurillas de barro cocido son abundantes, sobre todo las producidas en molde, ligeramente convexas por el exterior y cóncavas en la parte posterior, llevando una asa vertical y horizontal en la parte trasera. Regularmente representan a Tláloc o personajes de la comunidad. En una variedad un poco más tosca, algunas figurillas llevan en su parte posterior un recipiente.

La religión perdió relevancia durante la subfase Texcalac tardío, pues son escasas la escultura y la cerámica, así como las estructuras ceremoniales. Sigue teniendo la función de control sobre la masa de la población, consolidándose ciertos ritos ligados con la guerra, destacando el culto a Camaxtli, Xipe y Tezcatlipoca, aunque también se sigue con el culto a Tláloc y Quetzalcoatl.

El militarismo que se ha consolidado, hace de Chiautempan uno de los 21 pequeños estados donde radica “el señor” de un conjunto de villas y aldeas, bajo su coordinación. A su vez, éste señor mantiene un cooperación y respeto con los 20 señoríos restantes, formando una confederación de pequeños estados que juntos detienen los ataques de nuevos grupos arribeños o bien, de los señoríos con los que sostiene una manifiesta hostilidad: Cholula y Huejotzingo.

Fase tlaxcala

Después de cerrar el corredor comercial teotihuacáno y expulsar de la región a los olmecas-xicalancas, los teochichimecas adquieren la hegemonía sobre los grupos étnicos existentes con anterioridad a su llegada, asimilan la cultura de esos grupos y se fusionan con ellos, dando origen a la fase que los arqueólogos han denominado cultura Tlaxcala. Angel García Cook y Leonor Merino Carrión, investigadores del INAH, no denominaron la fase con el nombre de una población modelo (Tepeticpac, Tepeyanco, Ocotelulco, etc.), como lo hicieron con las fases anteriores, porque la nueva cultura se identifica más con el grupo étnico fundador del señorío de Tepeticpac, Texcaltipac, Texcalla y finalmente Tlaxcala.

Chiautempan que emergió a la vida social durante la fase Texcalac, se consolida como uno de los 21 señoríos de la República de Tlaxcala. No es fácil describir como fue este señorío durante la fase Tlaxcala porque como ya hemos referido, las estructuras elevadas, calles, zonas residenciales y demás obras arquitectónicas yacen bajo la actual ciudad de Chiauhtempan. Por lo que sólo es posible intentar una reconstrucción de la misma, a través de la serie de utensilios que usaron los pobladores primigenios, entre los que se encuentran materiales de piedra pulida como metates, morteros, hachas, cuchillos, navajas y raspadores. Estos últimos para la obtención de pulque, textiles y jabón. También han sido recogidos, en algunas excavaciones, varias puntas de proyectil para su uso en arco y flecha o bien para lanzas. Entre otros utensilios, destacan por su belleza, las navajas prismáticas de obsidiana. Las técnicas en la agricultura de temporal y de irrigación de los tlaxcaltecas ya habían sido descubiertas desde la fase Tezoquipan, sin que se hubieran presentado nuevos adelantos.

Las necesidades alimenticias eran complementadas mediante la caza y la recolección, así como del escaso intercambio comercial con otros pueblos, como consecuencia del bloqueo comercial establecido por los tenochcas.

La cerámica llamada Tlaxcala fue usada en los hogares de Chiauhtempan, tanto en su modalidad monocroma como policroma. De la primera se conocen piezas en su variedad negro grisáceo, café oscuro pulido y rojo pulido. De la segunda se han encontrado piezas de color guinda y negro sobre un fondo naranja; negro blanco y guinda sobre naranja exterior, rojo interior; rojo y blanco sobre el color del barro. La decoración incluye desde formas geométricas hasta simbólicas pasando por figuras zoomorfas.

De las pinturas murales de Tizatlán se desprende que Chiautempan y otras poblaciones, probablemente cuenten con pinturas similares en los altares de los edificios que yacen sepultados por el tiempo.

Es probable que se hayan producido algunas esculturas en piedra de Tláloc, Xochiquetzal, Camaxtli, Ehecat, Macaulxochitl-Xochipilli, etc., que deben encontrarse enterradas bajo los cimientos de la actual ciudad de Chiautempan.

Si bien la religión había perdido importancia durante las fases Texcalac y Tlaxcala, todo parece indicar que Chiautempan fue un centro ceremonial de regular importancia donde se veneraba a la diosa Toci , que a la llegada de los españoles convirtieron en “nuestra abuela” con la imagen de “Sta Ana” solo para facilitar la conversión y conquista cultural del pueblo

Además del pueblo de Tepeticpac con sus barrios de Ocotelulco, Tizatlán, Quiahuixtlán, otras cabeceras de señorío alcanzaron en esta fase la categoría de pueblos grandes como Tepeyanco, Xipetzingo, Atlihuetzía y Chiautempan. Otras cabeceras de menor dimensión fueron los siguientes: Hueyotlipan, Acuicuizatepec, Xaltocan, Yauhquemecan, Santa María Texcalac, Toluca de Guadalupe, Xalpatlahuaya, Tzompantepec, Ahuashuatepec, San Mateo Huexoyucan, Oxtotlapanco, Tlacuilohcan, Tlatlahuquitepec, Xacualpan, Techachalco, Comalteapa o Tlaltelulco; con lo que el número total de señoríos asciende a 21.

Durante esta fase, no se sabe con exactitud cual de los señoríos coordina o estaba a la cabeza de los demás; sin embargo, se asume que por sus características propias –su localización en el centro y su fortificación-. Tepeticpac sea el que marque las pautas a seguir en el inicio de esta fase.

La Colonia

Chiautempan fue uno de los 21 señoríos confederados de la República de Tlaxcala hasta la llegada de los españoles. En 1519 pierde esta jerarquía al conformarse el gobierno indígena, pues su tlahtoque no fue llamado a ocupar el cargo de regidor del Cabildo que se les otorgó a los señores de Ocotelulco, Tizatlán, Quiahuixtlán y Tepeticpac, barrios del señorío central de Tlaxcala y, consecuentemente, tampoco aspiró al cargo de gobernador indio que de manera rotativa ejercían los señores de los barrios citados.

El investigador alemán Wolfgang Trautmann comenta que la exclusión del tlahtoque de Chiautempan se debió a que... “no pudo hacer valer sus derechos... debido a que los títulos de dominio de su cacicazgo se habían perdido en un pleito legal”.

Traumann no da mayor información sobre los títulos de dominio, pero suponemos que estos documentos se obtuvieron durante la tercera embajada de nobles tlaxcaltecas que fue a España en 1540, pues como comenta Charles Gibson, esa embajada tuvo como propósitos la conservación de linajes nobles, las sucesiones de las cabeceras y las formas de gobierno indígena.

La preponderancia de la nobleza de Ocotelulco y de Tizatlán en el Cabildo fue consecuencia de la participación destacada de Mexixcatzin y de Xicohténcatl el viejo en la alianza hispano-tlaxcalteca, para la derrota de Tenochtitlán, ampliamente documentado en las Cartas de Relación que Cortés escribió a Carlos V, así como en la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, posteriormente la demanda de Tepeticpac y de Quiahuixtlán para que fuesen incluidos en el Cabildo, no hace si no indicarnos que los cuatro barrios formaban el señorío de Tlaxcala. Después, las obras de Motolinía y Diego Muñoz Camargo, reducirían las cabeceras señoriales de 21 a cuatro. Tradición que terminó por imponerse en la memoria histórica, al fundarse la ciudad de Tlaxcala con habitantes de esos cuatro barrios en el sitio en el que se encuentran actualmente.

El Cabildo era una forma castellana de gobierno, que se combinó con las formas de gobierno indígena. La injerencia de la nobleza de Chiautempan debió reducirse al cuerpo de electores integrados por 220 principales de los pueblos, encargados de elegir al gobernador indio, así como otros cargos administrativos que eran sometidos a su aprobación.

En síntesis, Chiautempan como parte del conjunto de señoríos y pueblos que habían sido de la antigua República de Tlaxcala, quedó integrada a una entidad político-administrativa denominada “Provincia de Tlaxcala”, una República de indios gobernada por el Cabildo de su ciudad capital.

En 1560 se instalan en 23 pueblos lugartenientes del gobernador, que no proceden necesariamente de la nobleza indígena: Chiautempan es uno de estos pueblos. Paralelo a la organización político-administrativa, se erige y consolida la estructura eclesiástica, designándose a Chiautempan cabecera de doctrina construyendo los franciscanos uno de los 11 conventos que se levantan en Tlaxcala entre 1526 y 1600. La llamada conquista espiritual, la llevaron a cabo los frailes que fueron arribando al territorio de lo que entonces fue la Nueva España. Estos frailes fundan monasterios e iglesias, así como escuelas y hospitales. Destacan por su labor Fray Toribio de Benavente, mejor conocido como Motolinía, García de Cisneros y Martín de Valencia.

En 1524, Fray Martín de Valencia va a fundar en Chiautempan el templo de la Ermita; colocando ahí, la imagen de la Señora de Santa Ana aprovechándose del culto que los naturales tenían de su verdadera religión: la diosa “Toci” ya que esto facilito enormente la suplantación cultural de las tradiciones originales. Posteriormente, con la intención de extirpar el paganismo, construye una iglesia sobre las ruinas donde se adoraba a Matlalcuéyetl y coloca ahí la imagen de San Bartolomé. 10 De 1536 a 1539, Fray Toribio de Benavente, Motolinía, fue guardián del monasterio de Tlaxcala, quien relata que fue llamado por los habitantes de Santa Ana Chiautempan para confesar a los enfermos y bautizar a quienes no habían recibido ese sacramento.

Siendo virrey de la Nueva España Don Gastón de Peralta, Marqués de Falces, se inició la construcción del convento franciscano en Santa Ana Chiautempan durante los años 1566 y 1567. La fecha es muy similar a la que nos da Fray Fidel J. Chauvet quien sitúa el establecimiento del convento antes de 1569-70, habiéndose terminado en 1585. Comenta también que a la iglesia le faltaba poco para ser concluida. Este convento fue eregido, a decir de Fray Bernardino de Sahagún, en el lugar en el que se llevaban a cabo los sacrificios a la deidad indígena Toci , “nuestra abuela”.

Los conquistadores inventaron una leyenda que hubo un emparentamiento entre Toci y Santa Ana, debido a que esta última es la “abuela” de Jesucristo. Esta sobreposición de deidades hizo una brutal desintegración de la identidad indígena que con el paso del tiempo ha ido negandose y perdiendo su identidad, sin embargo, a pesar de este absurdo engaño y quiza reconociendo un origen que se niega desaparecer los habitantes aun rinden culto a “nuestra abuela”o Toci como debia ser el nombre original de la imagen de “Sta. Ana” Una peste en 1576 facilito las cosas a los impostores ya que fue tomada como “castigo” engañando con esto a los naturales.

Hacia 1614 el obispo de Tlaxcala Fray Alonso de la Mota y Escobar, emprende una serie de visitas a diferentes puntos de la provincia: el 21 de mayo pasa por Santa Ana Chiautempan . En relación con la visita a Chiautempan sostiene: “ pasé a este pueblo (al) que hay tres leguas, es sujeto de Tlaxcala, de la lengua mexicana, buen temple, doctrina de frailes franciscanos. Es la granjería de este pueblo, entre los indios, como la de arriba, en los mismos géneros. Y la de españoles, de labranzas, gente pobre y que viven como alarbes que sólo entienden de lisonjear a (los) frailes, a costa de malos usos de cofradías.

Negocios sin remedio, por la infinita codicia que se ha encontrado. Confirmé aquí (a) 317 personas, con (lo) que me salí aprisa ”. 13 Por si nos llegaramos a preguntar los origenes de nuestra corrupción

Es comun afirmar que, por el pacto hispano-tlaxcalteca, estos últimos gozaron entre estos privilegios el de ser considerados bajo el dominio de la Corona, por lo que ésta se comprometía a no enajenar las tierras de los nobles tlaxcaltecas, ni otorgarlas en merced de nadie, garantizando el respeto a las formas de gobierno local, a través de la instauración de un Cabildo indígena, quien se preocupó por la defensa de la fuerza de trabajo oponiéndose permanentemente al trabajo compulsivo, Sin embargo, éstas prerrogativas no pasaron de las “buenas intensiones”. Se transgredió la disposición en relación con la enajenación de tierras y el otorgamiento de mercedes, y los indígenas fueron obligados a cumplir con tareas pesadas y con el pago de tributos.

El Cabildo tlaxcalteca con el afán de mantener el territorio para uso exclusivo de sus naturales, accedió temporalmente a prestar servicios personales en la edificación de la catedral de Puebla de los Angeles, y a pagar un tributo permanente de ocho mil fanegas anuales de maíz al monarca español. Este consentimiento había de generar tensiones permanentes entre el Cabildo indígenas y las autoridades españolas, en la medida en que los españoles de Puebla, se aprovecharon para usar la mano de obra en cuanta construcción se les antojó, inclusive en las tareas agrícolas y ganaderas de sus estancias en el valle de Atlixco.

En 1616 el Cabildo de Tlaxcala denuncia a algunos alcaldes, tequetlatos, merinos, fiscales y otros mandones por llevar una gran cantidad de indígenas en repartimientos fuera de la jurisdicción de la provincia, en perjuicio de las labores impidiendo a los naturales recoger la cosecha para pagar el tributo de maíz a su majestad, por lo que suplica al gobernador de Tlaxcala “normalice” esta situación. 14

Al respecto en 1646, más de 100 indígenas de las localidades de San Salvador Tzompanzingo, San Antonio Quaxomulco, Santa María Texcalaque, Santa Ana Chiautempan, San Pablo Apetatitlán, Santa María Belén de la cabecera de Tizatlán; San Luis Teolocholco, Santa Isabel Xiloxochtlán, Santa María Magdalena de la cabecera de Ocotelulco; San Simón Tlatlauquitepeque, Santa Bárbara Cuicuiscatepeque, y Ascensión de la cabecera de Tepeticpac; San Juan Bautista Totolan, Santa Justina Ecatepeque de la cabecera de Quiahuixtlán, y otros muchos, acudieron ante el gobernador para solicitar que los mandones recién nombrados, no los obligaron a remodelar obras como la pila de agua que está en la plaza, de la ciudad de Puebla de los Angeles, donde diariamente acarrean la piedra que se encuentra a 5 leguas usando carretas y bueyes de su propiedad, por lo que tienen que dejar de cultivar sus tierras. Además, se quejaban de que los oficiales se aprovechaban para obligarlos a renovar y techar los portales de la plaza, y traer del monte planchas y vigas grandes que por ser verdes y recién cortadas son pesadísimas, costándoles mucho trabajo transportarlas.

La respuesta a esta demanda fue favorable a los naturales y contraria a los intereses de los oficiales de la república.

La escasez de mano de obra se agravó en 1695 cuando ocurre una epidemia, elevando los índices de mortalidad. Por lo que el gobernador prohibe la formación de cuadrillas de trabajadores indígenas fuera de la jurisdicción, por que su ausencia llevaría a la ruina a las haciendas y pueblos, y se dejaría de cumplir con el tributo que se otorga a su majestad.

Desde el año anterior prohibió la salida de indígenas para otras jurisdicciones, pero el Cabildo había instrumentado la disposición, reiterando una vez más, la prohibición total. Las disposiciones de la Corona que otorgaban el usufructo de la tierra exclusivamente a los indígenas, fueron contradichas con las otorgadas por el virrey Don Antonio de Mendoza, a españoles, pese a la oposición de la nobleza indígena. Las mercedes otorgadas a españoles en territorio de Tlaxcala, fue la primera forma de desintegrar el monopolio que la nobleza indígena tenía sobre las tierras y el trabajo de los macehuales y terrazgueros. A esta forma seguirían otras más, con el matrimonio de peninsulares con mujeres de la nobleza indígena herederas de propiedades, que de esa manera pasaron a manos españolas; pero la forma que tuvo un efecto devastador provino de la nueva economía mercantil introducida por los colonizadores: el mercado de tierras.

Mercado que fue favorecido por las epidemias que provocaron el descenso de la población y, como consecuencia, un incremento de las tierras no trabajadas, que los caciques decidieron rentarlas o venderlas a gentes fuera de su estirpe, principalmente españoles.

Entre 1560 y 1570 se inicia un proceso de crecimiento de la territoriedad española, que, como señalan varios autores, durará hasta mediados del siglo XVII. Una relación geográfica elaborada a finales de la década de 1580, enumera un grupo de 130 personas con empresas rurales. La mayoría de ellas resultan ser españoles. La penetración europea al concluir el siglo XVI alcanza, dimensiones significativas. En Santa Ana Chiautempan se asientan tres españoles; sin embargo, en Tepeyanco y Nativitas el número asciende a 22 y 32 respectivamente. Asimismo, tenemos en San Felipe Ixtacuixtla a 23 españoles, Atlangatepec 6, Atlihuetzía 15 y Huamantla 13.

Pero, sin lugar a dudas la gran fase de expansión agrario europeo se da en el siglo XVII. En 1630, un reporte elaborado por los franciscanos, indica la existencia de 184 predios rurales en la provincia de Tlaxcala; 4 de ellos se localizan en la doctrina de Chiautempan. Este proceso, que en tan sólo 30 años duplicó el número de propiedades españolas, se continúo hasta bien avanzado el siglo XVIII. Un catastro elaborado en 1712, reporta 211 establecimientos; 33 de éstos se ubican en la circunscripción de Chiautempan. El total de hectáreas que comprenden estos predios es de 9, 297. Un último registro de propiedades, elaborado hacia 1757, contempla 217. El número asignado a Chiautempan se ha reducido considerablemente: ahora sólo cuenta con seis.

La penetración española no sólo significó la formación de estancias, ranchos y haciendas, sino la introducción de nuevos cultivos como el trigo y la cebada, además de una amplia variedad de frutales que se desconocían en Tlaxcala. La ganadería en una escala comercial iba a perfilar la economía tlaxcalteca hasta bien entrado el siglo XX, mediante la industrialización de sus derivados.

El ganado provocó dificultades entre ganaderos españoles y agricultores indígenas, pues estos últimos se quejaban, con toda razón, que los hatos destruían sus sementeras. Sin embargo, la introducción de rebaños de ovejas para el consumo de carne, trajo colateralmente la trasquila de la lana y como consecuencia el establecimiento de obrajes, para hilar y producir artículos de lana. Aunque Charles Gibson únicamente se refiere de manera precisa a los obrajes de Francisco López Arroniz en San Luis Apizaquito, también señala de manera general el establecimiento de estas instalaciones en la provincia de Tlaxcala. Es muy probable que la tradición textil de Chiautempan se haya originado desde esa época. 19

Con la conquista los peninsulares recibieron, a través del tributo, el excedente de los bienes que los señoríos destinaban anteriormente al tráfico, comenzando a controlar el sistema de las redes de intercambio indígena y muy pronto quedaron vestigios del viejo intercambio que anteriormente realizaban los jefes indígenas. El tráfico preeuropeo, se caracterizó por la centralización, que realizaban los linajes señoriales, de todos los bienes externos; para ser posteriormente redistribuidos entre los principales de menos status y los macehuales, como muestra de generosidad. Esta modalidad, que era conexa al sistema de terrazgueros, debió perdurar durante muchas décadas. La apertura de mercados bajo el dominio español, trastocó sus cimientos y le imprimió otros rasgos. Se intuye incluso que antes de 1530, algunos macehuales había comenzado a participar de manera directa en el intercambio comercial, debido a la irrupción de la grana cochinilla. Con base en las actas del Cabildo del 7 de noviembre y 2 de diciembre de 1547, se estima que durante la primera mitad del siglo XVI en toda la provincia funcionó un sólo mercado o tianguis. Se tiene constancia de que para 1580, la situación resulta completamente diferente; se cuenta con un calendario de mercados o tianguis en el que se establece la siguiente relación: a) sábados en la ciudad de Tlaxcala; b) martes en Tepeyanco; c) miércoles en Chiautempan; d) jueves en Atlihuetzía y Nativitas; faltando por integrar los días de tianguis en Atlangatepec, Hueyotlipan y Tecuatzinco. 20

El tianguis de Tlaxcala presenta como una de sus características el que la oferta de bienes externos contemple productos procedentes de Yucatán, Campeche y Tabasco: granos de cacao y tejidos de algodón.

Esta dinámica actividad determinó que Gómez de Santillán estableciera una equivalencia entre la moneda española y el cacao: un tomín o real valía 200 cacaos o 230 cacaos aplastados. Diego Ramírez redujo esta equivalencia a 180 cacaos, 4 años después. A finales de la época colonial, el partido de Chiautempan se compone de seis pueblos, seis haciendas y siete ranchos. La vecindad alcanza la cifra de 2 785 indios. Los administra un cura y dos terratenientes. Conserva la religión de San Francisco, la iglesia y casa que fue doctrina.

2.3 La Independencia

No hemos encontrado información sobre la participación de los habitantes de Chiautempan en el movimiento de Independencia de 1810. En términos generales Don Miguel Lira y Ortega dice que: “los campesinos tlaxcaltecas fueron obligados a pelear contra sus sentimientos en favor de la servidumbre en que estaban sumergidos”, pero que muchos de ellos”... se unieron a las filas de los insurgentes y asistieron a los combates que les fue preciso sostener en donde dieron prueba de valor”.Tlaxcala se unió al movimiento dando su adhesión al Plan de Casa Mata, por el que nuevamente se reinstaló al Congreso General, resultando electo el Dr. Miguel Guridi y Alcocer como diputado suplente de su hermano el Lic. José Guridi y Alcocer. Tanto el Dr. Miguel Guridi y Alcocer como el Sr. Joaquín de las Piedras jefe político de Tlaxcala, se enteraron que la diputación poblana iba a solicitar en el Congreso la anexión de Tlaxcala a Puebla, contando con el apoyo del cura de Huamantla Miguel Valentín, quien también había logrado la suplencia de una diputación por Puebla, y de los diputados provinciales (locales) presbítero Manuel Bernal, el hacendado de Huamantla Gabriel Llescas, y el hacendado de Tlaxco y obrajero de Chiautempan Antonio Díaz Varela . Todos ellos ligados a los intereses de las clases pudientes del estado de Puebla. Estos tres personajes, desde los días de la consumación de la Independencia, habían conspirado contra la autonomía y la independencia de Tlaxcala, por ello se había negado a concurrir a la instalación de la diputación provincial dejándola sin su cuerpo legislativo.

Es obvio señalar que Antonio Díaz Varela no contada con las simpatías de la población de Chiautempan en semejante maniobra, pues el H. Ayuntamiento de la misma población, envió una “representación” al Congreso Constituyente, insistiendo en que no se agregara Tlaxcala a Puebla. 22

Pese a la campaña de prensa que emprendieron el cura de Huamantla Miguel Valentín, el presbítero Bernal y los hacendados Llescas y Díaz Varela, la maniobra no prosperó, pues el Congreso Constituyente en su artículo 5º determinó que “Una ley constitucional fijara el carácter de Tlaxcala”. La ley del 24 de noviembre de 1824 declaró a Tlaxcala territorio de la Federación. De esta manera no fue anexada a Puebla, aunque no obtuvo el reconocimiento de estado libre y soberano.

Después de estos avatares la vida siguió su curso. A la consumación de la Independencia siguió un desajuste en la producción, sobre todo con la paralización de los centros mineros que durante la colonia constituían importantes centros de consumo, afectando la producción agrícola y las manufacturas. Dentro de estos últimos, para el caso de Chiautempan, la baja de la demanda de los productos de la industria textil, significó desempleo y cierre de obrajes.

En Chiautempan la situación era sumamente difícil, pues los obrajes se surtían de materia prima por medio de los comerciantes poblanos, que fueron incomunicados por el bloqueo de las fuerzas insurgentes, tardando en restablecer las líneas de intercambio. La situación de los artesanos textiles se agravó cuando enfrentaron la competencia de las importaciones de telas inglesas que, de mejor calidad y menor precio, fueron preferidas a las nacionales por los consumidores.

Esa apertura comercial no era del agrado de los obrajeros nacionales, quienes de una u otra manera se identificaron políticamente con los conservadores que pugnaban por un desarrollo autónomo, basado en los recursos del país, mediante un gobierno “centralista” que dominara el eje de mayor producción y de control comercial: México-Puebla- Veracruz. Mientras que los grupos liberales, integrados en su mayoría por terratenientes y comerciantes, pugnaban por vincularse al mercado externo a través de una política arancelaria de libre cambio, que adolecía de una política de desarrollo interno. Los obrajeros de Chiautempan se identificaban con los conservadores que promovían una política arancelaria proteccionista, pero al mismo tiempo se oponían a los intentos de industrialización, pues opinaban que la mecanización aumentaría la desocupación, al quedarse los tejedores sin trabajo, pues no todos podían incorporarse a las nuevas fábricas. Pese a esta oposición, en 1832 se formó una sociedad industrial en Tlaxcala que con el apoyo del Banco de Avío, encargó maquinaria para tejer algodón a los Estados Unidos, pero no llegó por que no se reunieron los fondos para terminar de pagarla y por que había estallado la guerra, quedando bloqueado el puerto de Veracruz. En 1836 el régimen centralista termina con la autonomía de Tlaxcala, convirtiéndola en un distrito del departamento de México, quedando dividida en tres partidos: Tlaxcala, Huamantla y Tlaxco. Chiautempan perdió su condición de cabecera de tenentiazgo y de partido que había tenido durante la Colonia y los días siguientes a la Independencia.

Felipe Santiago Xicohténcatl, quien tendría una heroica participación en la guerra de 1847 entre México y los Estados Unidos, tomó parte en el pronunciamiento del 20 de mayo de 1846 en Guadalajara, que se proponía como objetivo la vuelta a la forma de gobierno republicano federal. Los tlaxcaltecas se adhirieron a este pronunciamiento recobrando la condición de territorio de la Federación que le había otorgado la Constitución de 1824.

Apenas había presentado la diputación tlaxcalteca al Congreso de la Unión el proyecto de organización política de su entidad, más tarde aprobado por el citado cuerpo legislativo como Ley Orgánica del territorio de Tlaxcala, cuando tuvo lugar la invasión norteamericana a México.

No se sabe si hubo enfrentamientos entre el ejército invasor norteamericano y el mexicano en Chiautempan, pero no es difícil que algunos santaneros hayan ido a engrosar las filas del batallón de San Blas bajo las órdenes de Santiago Xicohténcatl; o bien del coronel Ignacio Ormachea o del general Nicolás Bravo en defensa de la Patria.

Durante la segunda República federal se reúne otro Congreso Constituyente, y nuevamente la diputación poblana insiste en la anexión de Tlaxcala a Puebla. El pueblo de Santa Ana Chiautempan, al igual que las demás cabeceras envían “representaciones” al Congreso Constituyente oponiéndose a las pretensiones de la diputación poblana.

2.4 La Reforma

Una promesa de Antonio López de Santa Anna, de convertir a Tlaxcala en estado de la Federación, llevó a varios ingenuos políticos locales a apoyar en 1853 al Plan del Hospicio, pero al asumir Santa Anna la dictadura, en marzo de ese mismo año, Tlaxcala volvió a su condición de territorio.

Hacia 1854, la dictadura de Santa Anna resultó intolerable para todos los grupos políticos. El 1º de marzo de ese año, se proclama el Plan de Ayutla. A él se suman, a principios de 1855, diferentes caudillos. Los constantes fracasos de Santa Anna por sofocar la revuelta ponen fin a su gobierno el 9 de agosto del mismo año.

La ausencia de poderes en el país propicia que, de acuerdo con el artículo 4 del Plan de Ayutla, en Tlaxcala el Consejo de Gobierno, previamente instruido por el licenciado Guillermo Valle, decrete un Estatuto Orgánico Provisional que habrá de regir el desempeño de las cuestiones públicas en el territorio.

Con el nombramiento del general Juan Alvarez como presidente interino de la República, se convocó a los ciudadanos de la Nación para que eligieran diputados al Congreso Constituyente. Los representantes para Tlaxcala fueron el licenciado Juan de Dios Alarid y Don Mariano Yañez, como propietarios, y Don José Mariano Sánchez y Don Ramón M. Aguirre, como suplentes.

La Constitución federal, emanada del Congreso constituyente declara a Tlaxcala parte integrante de la federación como estado libre y soberano. Cabe mencionar que para el año de 1857, Santa Ana Chiautempan fue nombrada por poco tiempo la capital del estado .

El 9 de junio de ese mismo año, es electo como gobernador constitucional, el licenciado Guillermo Valle, lo que permitió que se emitieran una serie de decretos y ordenamientos en diversos rubros. Uno de los más importantes y que mayor repercusiones tuvo, es el que refiere a la instrucción pública en la entidad. En materia de educación primaria, de acuerdo con el artículo tercero del decreto número 5, de fecha 11 de agosto del mismo año, Chiautempan es nombrada sede de la Junta Directiva de Instrucción Primaria de la cuarta sección; una de las siete en que se dividió el estado para este fin. El primero de diciembre de 1857, Ignacio Comonfort ocupa la Presidencia de la República. A mediados de ese mes circulan rumores respecto al cambio de rumbo que habría de dar la política mexicana; para el 17 del mismo mes, aparece por todas las calles de la ciudad de México, el Plan de Tacubaya. Dos días más tarde Comonfort se adhiere a él. Tlaxcala se proclama a favor de este Plan por lo que se estableció en la ciudad de Huamantla la sede del gobierno estatal conservador. La Guerra de Reforma da inicio en enero de 1858, por lo que la reorganización del estado tuvo que ser interrumpida. Miguel Lira y Ortega, Secretario de Gobierno, manifiesta su total apoyo a la causa liberal.

Por tal motivo, los patriotas tlaxcaltecas formaron guerrillas para combatir a las fuerzas conservadoras. El 10 de enero de 1858 la ciudad de Tlaxcala, Apetatitlán y Chiautempan, fueron ocupadas por las fuerzas reaccionarias comandadas por el general Manuel Escobar.

Entre los diversos acontecimientos que ocurrieron a lo largo de tres años, los pobladores de Chiautempan tuvieron que lamentar la muerte de uno de sus más destacados hijos, el guerrillero liberal Antonio Toriz, quien conjuntamente con José María González originario de la Laguna, militaban en las filas comandadas por Cirilo León, quien al frente de cien liberales trabó combate con las fuerzas reaccionarias de Antonio Razo, José de la Luz Grijalva e Ignacio Cerón, en Tlacocalpan. 27 Otro acontecimiento de esta guerra que tuvo por escenario la ciudad de Chiautempan, ocurrió el 13 de agosto de 1859, cuando los guerrillos liberales de Antonio Carvajal, en su ausencia este se encontraba combatiendo en Zacatlan, enfrentan a los reaccionarios de la Brigada Vega. 28 Con el triunfo de las fuerzas liberales y la entrada del Presidente Juárez a la ciudad de México, se restableció el orden constitucional. En Tlaxcala, se llamó al licenciado José Manuel Saldaña para que asumiera nuevamente el gobierno, a partir de marzo de 1861.

Con la firma de los tratados de La Soledad, Inglaterra y España deciden retirarse. Francia opta por apoyar a los conservadores mexicanos a instaurar en México una monarquía europea, pues esto beneficia sus deseos expansionistas. En esa época se enfrentan en el país dos gobiernos: el republicano, encabezado por Don Benito Juárez, y el monárquico, con Maximiliano de Habsburgo a la cabeza.

A partir de 1864, en época del imperio, el país fue dividido en 50 departamentos.

Tlaxcala, a su vez, es dividido en 3 distritos que se integran por 27 municipalidades.

Chiautempan es una de dichas municipalidades y comprende los siguientes pueblos y barrios: Chiautempan (cabecera), La Magdalena, Tetlanohtla, San Pedro Tlalcuapan y San Bartolomé; y las siguientes haciendas: de Tochapa, San Antonio Mena, Tzitzimapan, Tepetlapa. 29

El primero de febrero de 1866, la población de Tlaxcala, emprende el asalto a la ciudad capital, que habrá de ser coronado el 10 de enero de 1867, casi un año después. En esta acción son tomadas prisioneras las autoridades imperiales y la guarnición. El 19 de junio de 1867, llegó a su fin la aventura imperialista. Se inicia así, siendo gobernador provisional el licenciado Lira y Ortega, a partir de abril del mismo año, la reorganización de Tlaxcala.

En 1869, se inauguraron varios tramos del ferrocarril México-Veracruz, siendo presidente el Licenciado Benito Juárez. En el mes de junio, se inauguró el tramo Apizaco a Santa Ana Chiautempan. Otro tramo inaugurado fue el México-Puebla, el 16 de septiembre de 1869.

La inauguración del tramo del ferrocarril de Apizaco a Chiautempan es narrada por Ignacio M. Altamirano en los siguientes términos: “Los señores Escandón y Barrón, pertenecientes a la compañía empresarial y a los señores Martínez de la Torre, Pardo y Donde, abogados de ella, invitaron a numerosas personas para que los acompañasen el día primero de junio de 1869 a inaugurar el nuevo tramo.

“Los invitados, en su mayor parte, estaban a las siete de la mañana en la estación Buenavista. De ahí partió el tren especial a las ocho para Apizaco, a donde llegó a las doce del día. Inmediatamente continúo su camino, recorriendo ya el nuevo espacio construido, que abraza una extensión de cuatro leguas. Al llegar al puente de Santa Cruz, el tren se detuvo y nos apeamos para examinar esta obra colosal y soberbia. El señor Buchanam, ingeniero en jefe de la compañía, hizo una descripción muy minuciosa del puente, según la cual los diseños para ese trabajo fueron hechos en México por el ingeniero civil Don Guillermo Cross Buchanam, ingeniero en jefe de la compañía, y la parte de hierro fue construida en Inglaterra, de conformidad con dichos diseños.

“El puente, bajo el punto de vista de la perspectiva, es hermoso y gallardo. Ya desde aquel punto se comienza a presentar un paisaje cada vez más pintoresco y animado. Junto a la Malinche y como un vástago hecho trizas, se levanta el cerro de Cuatlapanga (que significa, según Molina, lo mismo que Quatatzinca, esto es, rayas del casco de la cabeza. Cabeza partida traducen otros). En efecto, el cerro se parece a una cabeza dividida, las puntas de sus peñascos que se elevan rectos como columnas basálticas, son agudísimas”.

“El tren llegó a Santa Ana Chiautempan donde recibieron a la comitiva con arcos de flores, cohetes y música. Había preparado una enramada para tomar a su sombra el almuerzo de los convidados. Después de satisfacer el apetito, comenzó la expansión del ánimo. Los concurrentes invitaron a Ignacio M. Altamirano, autor de este artículo, para pronunciar el primer brindis; después hablaron los señores Pardo, Donde, Martínez de la Torre, García Torres y redactores del Trait DB'Unión y del Two Republics. Los señores Zamacois y Mobellan recitaron muy hermosos versos y el pueblo, con el mayor entusiasmo, se llevó después a los empresarios a recorrer en triunfo la población”. “El tramo nuevo quedó, pues, solemnemente inaugurado, y la comitiva regresó después a México”.

La fiesta del primero de junio no es más que la primera de esa serie que va a seguirse hasta solemnizar la conclusión del deseado camino hasta las playas de Veracruz ¡Que Dios proteja a la empresa!. 30

También del destacado liberal Ignacio M. Altamirano, incluimos el texto de la inauguración del ferrocarril de México a Puebla: “El 16 de septiembre de 1869, el Presidente Benito Juárez inauguró la vía férrea del Ferrocarril Mexicano que comunicaría a las ciudades de México y Puebla”. En la sabrosa crónica que hizo del viaje el escritor don Ignacio M. Altamirano proporciona algunos datos interesantes que reproducimos a continuación.

“Antes de llegar a Santa Ana Chiautempan y apenas tocaron el lindero del estado de Tlaxcala, se encontraron a la Guardia Nacional del mismo, tendida a uno y otro lado del camino: estos soldados que, según su institución, no reciben paga ni hacen el servicio permanente, no tenían más uniforme que su humilde vestido de todos los días, pero aún así dio gusto ver a la guardia del pueblo, guardia modesta es verdad, pero no por eso menos digna de respeto y de aprecio, como que es la custodia de las leyes. “Semejantes soldados, como los de Guerrero, Oaxaca y Veracruz, luego que hacen su servicio se retiran a sus casas llevándose su fusil, o acuden tan pronto como se les llama con un tambor y con un simple aviso. El pueblo tlaxcalteca de hoy es patriota, leal, enemigo de revueltas y motines y, aunque pobre, parece tranquilo y feliz a la sombra de su Gobierno. Al llegar a Santa Ana Chiautempan escucharon un gran rumor: era el vecindario de allí, de los pueblos comarcanos y aun del mismo Tlaxcala, que había acudido en masa a ver pasar al Presidente: dos pequeñas piezas de artillería hacían una salva, y tres o cuatro músicos tocaban el Himno Nacional como Dios les daba a entender. El Presidente, profundamente conmovido, tuvo que salir a la pequeña plataforma del vagón para vitorear al estado de Tlaxcala.

“Inmediatamente después se vio precisado a entrar de nuevo en el vagón para recibir al gobernador Lira y Ortega, que con los funcionarios del estado venía a saludarle. El gobernador es el tipo más perfecto del hombre del campo en su más sencilla y buena expresión; se retrata en su semblante la honradez más acrisolada, la serenidad de conciencia y la firmeza de principios de una alma republicana por organización, sin pretensiones, sin altives, modesto como debe ser un funcionario demócrata, este hombre recuerda por su aspecto la figura del inmortal Guerrero y, remontándonos más allá, la figura de aquellos republicanos de los antiguos tiempos que dejaban el arado para venir a gobernar un pueblo.

“El no trajo discursos; comprendió con su buen sentido campesino que los discursos para un viajero son fatigosos y se contentó con dar la enhorabuena en términos lacónicos, pero expresivos por la gran mejora que iba a quedar establecida con la vía férrea; luego se despidió, bajo del vagón y fue a confundirse entre la muchedumbre tlaxcalteca que le hizo un lugarcito como a cualquier hijo de Adán. Francamente, nos dio gozo ver a un gobernador tan raro, en estos tiempos, en que apenas ocupa un hombre la silla de un estadito, se convierte luego en una especie de gran duque de la Confederación alemana”.

“Momentos antes venía hablando Altamirano con el Ministro de Guerra, dándole noticia de un cierto cura de Santa Ana Chiautempan, que otra vez, cuando se inauguró el tramo del ferrocarril hasta ese pueblo, los sorprendió por las ideas de verdadera ilustración que emitió en su brindis y repetía algunas de sus palabras conservadas en su memoria, que parecieron a todos dignas del mayor aplauso. Manifestaban deseos de conocerlas, cuando en unión del gobernador de Tlaxcala, se presentó a felicitar Presidente con una comisión de todos por su ilustración, por sus ideas verdaderamente cristianas y por el noble y puro patriotismo que campeaba en él: las palabras que acabábamos de repetir fueron oídas de sus labios con su sencilla elocuencia y dichas con una entonación oratoria que hace honor a su talento y a su educación literaria”.

El Presidente y los ministros quedaron muy contentos del eclesiástico, y esto es una prueba de que los fieles a las máximas del progreso y caridad del fundador del cristianismo, inspiran a los demócratas simpatías y respeto. A poca distancia de Santa Ana Chiautempan y teniendo todavía a uno de nuestros costados la mole inmensa e imponente de la Malinche, coronada entonces de nubes, comenzamos a contemplar un paisaje más risueño. Un cuadro estadístico elaborado hacia 1879, refiere que Chiautempan se encuentra, en tanto municipalidad, adscrita junto con Tlaxcala, Apetatitlán, Contla, Ixtacuixtla, Santa Cruz Tlaxcala, Tepetitlán, Yahuquemehcan.

Para diciembre de 1882, siendo gobernador Mariano Grajales, el estado es dividido en 5 prefecturas de distrito con cabeceras en: Huamantla, Zacatelco, Tlaxcala, Calpulalpan y Tlaxco; así como en 3 subprefecturas: Apizaco, Natívitas y Cuapiaxtla, Chiautempan se ubica en el distrito del centro, con cabecera en Tlaxcala, junto a San Nicolás Panotla, San Pablo Apetatitlán, San Bernardino Contla, San Felipe Ixtacuixtla y la ciudad capital.

2.5 El Porfiriato

A la muerte de Benito Juárez el grupo liberal se escindió, llegando Don Sebastían Lerdo de Tejada a la presidencia de la República, con el desagrado del general Porfirio Díaz, quien ya en los últimos años de la presidencia del Lic. Benito Juárez intentó escalar el cargo mediante revueltas. Finalmente, con el Plan de Tuxtepec y con un ejército que triunfo gracias a la deserción de militares que se suponían afiliados al presidente Lerdo de Tejada, derrota a los leales de este último en la hacienda de Tecoac. Esta hacienda se encuentra en Huamantla, y en las acciones tiene una destacada participación un viejo soldado juarista, que había militado a las órdenes de los generales Manuel González y Porfirio Díaz, durante la guerra de intervención francesa. Este soldado es Don Próspero Cahuantzi.

Después de un periodo gubernamental a cargo del general Miguel Lira y Ortega, Don Próspero Cahuantzi ascendió y permaneció de manera ininterrumpida hasta 1910 a la gubernatura de Tlaxcala.

Este personaje siempre sintió predilección por Santa Ana Chiautempan. Tal vez esto se debió a que ahí paso los primeros años de su infancia, pues sus padres lo enviaron de su natal Santa María Ixtulco, a casa de algún familiar o amigos de la familia Cahuantzi, para que asistiera a la escuela de primeras letras de Chiautempan. 33 Los recorridos diarios a la escuela, los amigos de la infancia y las enseñanzas de sus maestros debieron causar agradable impresión en el niño Cahuantzi, pues siendo gobernador adquirió el rancho Tlapancalco dentro del municipio santanero, donde pasaba parte del tiempo que no ocupaba en las tareas gubernamentales.

Los santaneros si bien mostraron desde épocas tempranas la predilección por la producción de textiles, fue durante las administración del coronel Próspero Cahuantzi, cuando recuperaron buen cantidad de tierras, que les recordaba su viejo pasado de agricultores mediante compras colectivas de fincas que por malos manejos y endeudamientos excesivos fueron puestas en venta: “La Laguna de Hidalgo”, fue comprada en $800, y por la finca “El Ahuehueyac de Hidalgo” se pagaron $600. Este amor de los santaneros por la tierra ya se había manifestado desde la segunda administración del general Miguel Lira y Ortega, cuando los habitantes de San Pedro Tlacuapan, de la municipalidad de Chiautempan le pidieron en noviembre de 1879 que declarara ejido “un montecito de nuestra exclusiva propiedad... por que aunque se nos quiere repartir en adjudicación, no queremos aceptar”. La verdad es que la desamortización de bienes comunales, afectaba a las viejas comunidades. Curiosamente éstas que estaban acostumbradas a la propiedad en común, encontraron en la forma ejidal la manera de evitar la adjudicación en propiedad privada .

Estas compras colectivas de tierras son un indicador indirecto de la bonanza de los santaneros. Bonanza que provenía de la infraestructura ferroviaria concluida durante la administración del presidente Benito Juárez y de la local del general Miguel Lira y Ortega, la que permitió a las administraciones de Porfirio Díaz y de Próspero Cahuantzi promover el desarrollo industrial de Tlaxcala, y de manera particular el de Santa Ana Chiautempan, localidad que desde finales del siglo XVI a través de los obrajes, habían mantenido una producción textil de carácter artesanal, donde se combinaban el ingenio de la mecánica elemental de los telares de madera y la destreza, manejo del color y del diseño, de los artesanos textiles.

 

Estación de ferrocarril Santa Ana

A estos dos factores habían que agregar las aguas del río Zahuapan que en un principio sirvieron para dar limpieza a la lana y posteriormente se convirtieron en la fuerza motriz para las fábricas textiles.

En 1980 se establece la fábrica textil “La Estrella” en Santa Cruz Tlaxcala, pasando posteriormente a Santa Ana Chiautempan, ubicándose a un costado de la estación. Dedicada a la producción de manta y cabeza de indio de algodón, daba empleo a 35 trabajadores; en 1894 el empresario Leonardo Corral funda la fábrica textil “La Xicohténcatl” en las calles de centernario y Manuel Saldaña, mediante telares de madera, dando ocupación a cuarenta obreros.

En 1901 se funda “La Providencia” que se transformó en la “Albertina” después de un incendio, siendo propiedad de Luciano Faudón empresario que emigró a San Martín Texmelucan, vendiendo las instalaciones a la familia Concha, quien nuevamente la llamó “La Providencia”. Otro incendio terminó con esta fábrica. Pese a los incendios el nombre de la empresa subsiste. Hoy en día “La Providencia”, es propiedad del empresario Rafael Torres. Y es una de las empresas textiles emblemáticas no solo del estado sino incluso del país ya que con sus diseños innovadores y gran calidad de producción ha transcendido fronteras.

Después surgirían “La Iberia” de Don Eduardo Jiménez, “El Carmen” de Don Santos Tepatzi, “El Pilar” de los hermanos Vallado, “La Luz” de Enrique Temoltzin, Santa Teresa de Don Vicente Torres Guerra y San “Carlos” de Carlos Guevara”: Las fechas de fundación de estas últimas empresas resulta difícil precisarlas y es muy probable que algunas hayan sido establecidas fuera de la época que se analiza, pero dada su importancia en la vida de Chiautempan, conviene consignarlas.

En relación con el desempeño de la industria textil, a nivel nacional, en 1896 según cálculos realizados por el cónsul británico, dos tercios de la producción de textiles de algodón, son elaborados en un radio de 200 km., desde la capital. Los principales centros se encuentran en Puebla, Jalisco, Veracruz, Coahuila, el Distrito Federal y, por supuesto, Tlaxcala.

Para fines del siglo XIX y principios del XX, crece el malestar de la población debido a la política de despojo y extorsión que emprenden Cahuantzi y su camarilla. Un ejemplo de ello, fue el despojo a los pequeños propietarios de tierras. Entre 1891 y 1892, se intentó implantar en el estado una compañía deslindadora, que deseaba comprar las propiedades existentes y llevar a la venta las que, en apariencia, no tenían dueño. Los terratenientes trataron de convencer al presidente Díaz de que en Tlaxcala, no era necesario y pensaron en conseguir un documento firmado por los representantes de propietarios de tierras. Dos terceras partes de los propietarios se negaron a firmar el documento. Siete años más tarde, el gobierno del estado reorganizó la contribución predial, incluyendo a los pequeños propietarios o parceleros. Las comunidades elevaron sus protestas. Andrés García e Isidro Ortíz trataron de obtener una exención de pago para aquellos que tenían menos de 5 hectáreas, petición que fue denegada. Cahuantzi ordenó el arresto de los líderes para evitar cualquier reunión; después informó que García había muerto “cuando trataba de escapar”, siendo obvio que habia sido asesinado. la indignación fue evidente. La represión a este movimiento también llegó a Chiautempan, pues el 6 de enero de 1900 varios soldados allanaron la casa de la señora Roberta Durán en busca de su hijo Bonifacio, al que acusaban de ser uno de los principales opositores al impuesto predial, pero como no lo encontraron, detuvieron a dos de sus hermanos y a dos dependientes que laboraban en el comercio de la familia, aunque después tuvieron que ponerlos en libertad. Pero nuevamente el 6 de agosto de ese año volvieron a la carga, deteniendo a tres albañiles que se encontraban haciendo reparaciones en la casa de la familia Durán, pues el presidente municipal de Chiautempan insistía en que Bonifacio era un sedicioso. Después de eliminar al dirigente Andrés García, en febrero de 1905 fueron detenidos en Chiautempan, por opositores al régimen y al impuesto predial, Lucio Conde y Jacinto Zárate vecinos de San Bernardino Contla e Ixcotla. Lo oneroso de los impuestos quedó consignado en los adeudos del impuesto personal. En efecto, en los registros de la administración de rentas se consigna que en 1906 había 509 personas en Chiautempan que adeudando el citado impuesto. Algunas debían tres meses y otros hasta 36. Los obreros de las fábricas no se encontraban en mejores condiciones, por tal motivo aumentan las inconformidades contra el régimen porfirista en el estado. Por ello los obreros se empiezan a organizar, en Puebla, Veracruz y después en Tlaxcala, forman el “Circulo de Obreros Libres de Orizaba”, hasta fundar el “Gran Círculo de Obreros Libres de los Estados de Veracruz, Puebla y Tlaxcala”.

Alrededor de 1900 se instalan en el municipio, en una oficina no federal, el telégrafo y el correo; para 1908 la energía eléctrica es introducida en la entidad, Chiautempan es uno de los primeros beneficiarios.

2.6 La Revolución Mexicana

Después de la visita de Madero a Tlaxcala, durante la administración interina del presidente León de la Barra, se empezó a desarmar a los revolucionarios con la anuencia del apóstol de la democracia, causando malestar entre sus partidarios.

El ascenso de don Francisco I. Madero a la Presidencia de la República y de Antonio Hidalgo a la gubernatura de Tlaxcala, daba la impresión de que los postulados del Plan de San Luis se iban a llevar a la práctica. Sin embargo, el haber dejado intacto el ejército de la dictadura iba a traer como consecuencia la Decena Trágica y la usurpación huertista. En Tlaxcala la contrarrevolución se manifestó a través de la Liga de Agricultores, brazo político de los hacendados que se oponían a las tibias reformas de Antonio Hidalgo. El 26 de mayo se da a conocer el Plan de Guadalupe, iniciándose el movimiento conocido como “constitucionalista”. Los tlaxcaltecas se adhieren al movimiento instalando un gobierno provisional en la meseta de La Malintzin, declarándose el Congreso local en sesión permanente y designando gobernador provisional al general Pedro M. Morales, antiguo dirigente antirreleccionista. El gobierno provisional tlaxcalteca desconoce a Huerta y a los gobernadores designados por la usurpación, por contra partida otorga su reconocimiento a Don Venustiano Carranza, como encargado del poder Ejecutivo. Los generales revolucionarios tlaxcaltecas Pedro M. Morales, Felipe Villegas y Máximo Rojas integran una columna de más de 300 hombres para combatir la usurpación. Esta columna en breve tiempo entra en acción sosteniendo combates con las fuerzas federales en Amozoc Puebla, hacienda Molina de San Miguel, Cumbres de Acultzingo, Cerro Gordo, La Cañada, Huixcolotla y Tepeaca. En estas acciones las fuerzas revolucionarias obtuvieron sonadas victorias. Sin embargo, el 9 de febrero de 1914 son sorprendidas en Zacatlán, infringiéndoles una fuerte derrota a las fuerzas federales a cargo del general Jiménez Castro. A punto estuvieron de ser capturados los generales Pedro M. Morales y Máximo Rojas.

Las fuerzas revolucionarias tlaxcaltecas se recuperaron de esta derrota, y tomaron el nombre de brigada Xicohténcatl, con la que fue conocida entre las filas constitucionalistas. El pueblo de Chiautempan, ante la invasión norteamericana, integró una comisión de vecinos para formar un contingente armado que fuera a luchar contra los invasores norteamericanos, solicitando al gobierno estatal las armas necesarias para batir a los extranjeros. Pronto los revolucionarios se dieron cuenta de que el llamado de los usurpadores era una maniobra, a fin de poner los contingentes revolucionarios bajo el control del ejército federal. Afortunadamente la actitud enérgica de Don Venustiano Carranza ante el gobierno norteamericano, obligó a este a retirar sus fuerzas del suelo patrio, continuándose los enfrentamientos entre los ejércitos constitucionalista y usurpador. Ante el empuje del ejército constitucionalista en todo el país, no le quedó otro camino al usurpador Victoriano Huerta, que presentar su dimisión al cargo el 15 de julio de 1914. Para el 4 de agosto de 1914 los generales Máximo Rojas y Lauro Anzures desde San Bernardino Contla y San Damián Texoloc, con sus respectivas fuerzas exigían la entrega de la ciudad de Tlaxcala, al gobernador usurpador Manuel Cuéllar, mientras las demás fuerzas revolucionarias mantenían un cerco sobre Huamantla, Apizaco y Tlaxco.

El 20 de agosto de ese año, la brigada Xicohténcatl al mando de los generales Máximo Rojas, Domingo Arenas, Hernández Maldonado y Andrés Angulo, entraba a la ciudad de Tlaxcala, desarmando a los 3 000 federales que se habían concentrado en la plaza, bajo el mando de los generales huertistas Cruz Guerrero, Cifuentes y Jiménez Castro.La población de Chiautempan se vistió de gala al enterarse que el 1º de noviembre de 1914 arribaría el Sr. Don Venustiano Carranza a esa población, para dirigirse a la ciudad de Tlaxcala. Venía acompañado por su estado mayor y por funcionarios de su gobierno, entre los que destacaba la figura señera de Don Luis Cabrera, connotado político poblano. Después de visitar la ciudad de Tlaxcala por un día, donde sostuvo conversaciones con el general Máximo Rojas. En esa oportunidad un incidente causó varias detonaciones por la tarde, sin que tuvieran explicación alguna. Ello motivó que el general Rojas movilizara 200 hombres de Chiautempan para dar seguridad al Varón de Cuatro Ciénegas. Al día siguiente, Don Venustiano Carranza regresó a Chiautempan donde abordó el tren que lo había traído de la ciudad de México, y prosiguió su viaje rumbo a la ciudad de Puebla. Cuando Don Venustiano Carranza visitaba Tlaxcala, se estaba celebrando en la ciudad de Aguascalientes la Convención Revolucionaria, en la que se designó Presidente de la República al general Eulalio Gutiérrez. Una nueva lucha se avecinaba, la de las facciones revolucionarias.

El 7 de noviembre de 1914 se reúnen los revolucionarios tlaxcaltecas en el Palacio de Gobierno para tomar una decisión en torno al conflicto que se avecinaba, la mayoría siguió a Máximo Rojas y al margen se mantuvo Domingo Arenas. La división de las fuerzas tlaxcaltecas era un hecho.

En Chiautempan se conoció la tarde del 12 de noviembre que esa mañana la guarnición de la ciudad de Tlaxcala, al mando del general Domingo Arenas, se había sublevado, estando a punto de atrapar al general Máximo Rojas. En la Convención de Aguascalientes, el general Pedro Morales se había afiliado a Francisco Villa. Solamente Máximo Rojas permaneció leal a Don Venustiano Carranza.

Ante estos acontecimientos el general Máximo Rojas dispuso que Chiautempan fuera la capital de Tlaxcala . Trasladándose las autoridades federales y estatales a la capital provisional. La hospitalaria población de Chiautempan no solo fue la capital provisional, sino la sede de la comandancia militar del estado, lo que implicó un movimiento mayor al que estaba acostumbrado, adaptándose a las circunstancias y prestando su concurso para el triunfo de las fuerzas constitucionalistas.

Chiautempan, como las demás poblaciones de Tlaxcala, recibieron con jubilo la noticia de la toma en la Ciudad de México por las fuerzas del general Alvaro Obregón, el 29 de enero de 1915. Pero a este triunfo, las fuerzas zapatistas atacaron Chiautempan el 26 de mayo habiendo sido rechazados por la guarnición de la plaza.

Chiautempan sin proponérselo, se convirtió en el centro estratégico de la campaña e los constitucionalistas contra zapatistas y villistas, funcionando como el centro de abasto en materiales de guerra y centro de instrucciones para las diferentes fuerzas

constitucionalistas que operaban en el estado. En Chiautempan despacharon como gobernadores de Tlaxcala el Gral. Máximo Rojas , el Mayor Carlos Fernández de Lara y el teniente Coronel Porfirio del Castillo.

El 5 de enero de 1916 los obreros de las fábricas La Providencia, La Xicohténcatl y La Estrella que funcionaban en Chiautempan, se propusieron recordar el 9o. aniversario del sacrificio de los obreros textiles de Río Blanco, para lo cual organizaron una manifestación de duelo que recorrió las principales calles de la ciudad, concluyendo con un mitin frente al edificio de la presidencia municipal. Entre los organizadores se encontraban los dirigentes obreros Erasmo Victoria, Felipe Ahuactzi, Refugio Torres, Juan Nava, Trinidad López y Anastasio Vázquez.

El 1o. de febrero de ese año, el gobernador de Tlaxcala, Teniente Coronel Porfirio del Castillo, les comunicó a los propietarios de fábricas textiles de Tlaxcala, entre ellas las de Chiautempan, que a partir de esa fecha deberían de pagarles a los obreros un 30 por ciento más sobre los salarios que les venían cubriendo.

Los días 25 y 26 de marzo en la capital provisional de Tlaxcala se conmemoró el 3o. aniversario del Plan de Guadalupe, mediante una ceremonia cívica donde se escuchó el verbo candente del Prof. Gilberto Bosques y el poeta Fernando H. Altamirano. Por la noche de ese día, se llevó a cabo una velada literaria en el salón de sesiones del Ayuntamiento, en la que destacó la alocución del ameritado educador tlaxcalteca Juan Román Saldaña Oropeza.

Por el mes de junio, Francisco Villa había realizado la hazaña increíble de invadir y a tocar la población de Columbus en la frontera con los Estados Unidos. Los norteamericanos reaccionaron enviando la expedición positiva al mando del general Pershin. Pese a que Francisco Villa era un opositor, Venustiano Carranza, protestó por la invasión y exigió la salida de las tropas norteamericanas y, en caso de que persistieran en la persecución de Villa, se disponía a combatirlas. Para ello envío un comunicado a Chiautempan, capital provisional de Tlaxcala, llamando a los tlaxcaltecas a defenderse de la posible invasión. Afortunadamente los norteamericanos entendieron la razón de Carranza abandonando el suelo patrio, sin poder capturar al Centauro del Norte. En el mes de agosto los obreros de los talleres de raíz de zacaton de Chiautempan, se declararon en huelga protestando por los bajos salarios que percibían, apenas 24 centavos por kilo de fibra elaborada. La intervención del gobernador Antonio M. Machorro ante el industrial Juan Posada Cortina, logró que se comprometiera a incrementar el pago de fibra elaborada a 50 centavos, (un aumento del 100 por ciento); sin embargo otro industrial, Vicente Torres Guerra, se mostró renuente y únicamente accedió a pagar el kilo a 45 centavos, finalmente tubo que acceder. La lucha por la mejora salarial estuvo dirigida por los trabajadores Romualdo Muñoz, Adelino Cocoletzi, Taviano Romero, Silvestre Nava, Camilo Flores y Antonio George.

En plena convocatoria para el Congreso Constituyente que se reuniría en Querétaro, Chiautempan fue nuevamente atacada por un numeroso contingente de zapatistas que procedían de Apetatitlán, pero que venían del campamento de La Malintzi. Como la resistencia fue agresiva, los zapatistas optaron por retirarse rumbo a San Francisco Tetlanohcan, la noche del 16 de septiembre de 1916.

Habiendo accedido los grupos constitucionistas al poder, los obreros sintieron que era el momento de plantear las demandas que habían sido postergadas durante la dictadura, por lo que los dirigentes Erasmo Victoria, Felipe Sánchez, Luis Rosas, Prospero Ahuactzi, Gonzalo Z. Lima y José María Xochitiotzi, solicitaron la intervención del gobernador ante los administradores de las fábricas La Estrella, La Providencia y La Xicohténcatl, a efecto de que los salarios fueran cubiertos en oro nacional, conforme al tipo de cambio de 1912 o su equivalente en papel infalsificable, o sea a razón de 34 por uno y no como en la última raya, por lo que únicamente habían recibido el 66 por ciento del valor de su trabajo.

Pedían además que se les cubrieran las diferencias. La petición fue aceptada por los administradores, pese a que se defendieron con diferentes argumentos.

2.7 Epoca contemporánea

La industria textil en Chiautempan ha modernizado su maquinaria usando fibras sintéticas para los procesos de producción, reduciendo los costos y logrando un mejor abasto por la facilidad para adquirirlas, además de que son de mayor resistencia. Los artículos de lana que le dieron vida a la industria en el siglo XVI, se han transformado en una “artesanía” y costos más elevados a los de las fibras sintéticas; sin embargo, siguen siendo los más apreciados por su colorido y diseño.

La modernización de Chiautempan no afectó los viejos lazos de identidad comunal que vienen desde tiempo inmemoriales. El santanero es hombre de empresa y de trabajo, sistemático, emprendedor y solidario. En la actualidad, debido a su cercanía con la ciudad de Tlaxcala, Chiatempan se ha constituido en un polo de desarrollo dinámico, moderno como su gente y poco a poco al irse integrando con la ciudad de Tlaxcala conforman el área de mayor desarrollo en el centro del estado.

 

Personajes ilustres de Chiautempan

Roman Saldaña Oropeza
 

Doctor en filosofía y letras, nació en Santa Ana Chiautempan Tlaxcala, el 19 de abril de 1886. Sus padres fueron José Santos Saldaña y Joaquina Oropeza, ambos tejedores de lana. Los primeros estudios los realiza en su pueblo natal y adquirió el mismo oficio que el de sus padres. Posteriormente, se graduó de profesor en el Instituto Científico y Literario de Tlaxcala con la tesis “Metodología de la Enseñanza de Párvulos”. Trabajó como maestro desde 1902. El 2 de febrero del mismo año el Ayuntamiento de Chiautempan lo nombró profesor de primer año en la escuela de la población ; para que más adelante lo fuera en Apizaco y Ocotlán, para  regresar nuevamente a la institución que lo formó, pero ahora como docente. En 1913 fue perseguido por sus ideas revolucionarias. Como consecuencia de ello, que se le privará de su cátedra. Tres años más tarde Saldaña se encargó de la organización del Congreso Pedagógico, celebrado en Chiautempan, exactamente el 13 de abril de 1916. 

Años más tarde (1919), se trasladó a trabajar a la ciudad de México, para después recorrer varios estados de la república como maestro misionero. Para el año de 1926 Román Saldaña Oropeza regresa a la ciudad de México e ingresa a la Escuela Nacional de Maestros y a la Facultad de Filosofía y Letras, para continuar sus estudios y desempeñarse después como profesor de literatura, español e historia, en el nivel de enseñanza media hasta 1948, fecha en la que se le designa Inspector de escuelas primarias. En el año de 1952 es condecorado con la medalla “M. Altamirano”, por sus 50 años de servicios. Publicó dos libros: “Primeras ordenanzas por el capitán D. Hernán Cortés”, en 1950 e “Imágenes más antiguas y veneradas en Tlaxcala”, en 1952. Quedó sin editar “La historia de Chiautempan” y “El testamento de Alfonso Texpopocatzin”. Román Saldaña, también escribió poesía y colaboró en varios periódicos y revistas de la ciudad de México, donde murió el 27 de junio de 1955.

José Agustín Arrieta
 

Nació en la ciudad de Santa Ana  Chiautempan, Tlaxcala, en 1802, siendo todavía un niño llega a la ciudad de Puebla. Fue precoz como pintor. En esa época Puebla contaba ya con la Academia que para la enseñanza del dibujo instituyó el sacerdote Antonio Jiménez de las Cuevas, a sus aulas concurrió y en sus listas figura con honrosos lugares.

Pintaba modestamente, sin considerarse un gran maestro de la pintura, el tema principal de su obra fueron los sentimientos populares, como por ejemplo: uno de sus asuntos favoritos era pintar un galán que chuleando a una muchacha haciéndose la enojada. El que quiera recordar cómo eran aquellas cocinas grandes y limpias de las casonas poblanas, con las paredes tapizadas de cazuelas de todos tamaños; el que quisiera contemplar a las chinas desenvueltas y sugestivas, con ancha falda de castor colorado y camisola bordada de chaquira con aretes de coral y zapatillas de seda, no tiene más que observar unos cuadros de Arrieta. 

Además de bodegones, pinta imágenes de santos para adornar el interior de los templos y una gran cantidad de cuadros religiosos. Uno de los continuadores de ese tipo de obras es don Desiderio Hernández Xochitiotzin, a cuya iniciativa se abrió la sala Agustín Arrieta en el barrio del artista de Puebla. En 1949 y en Chiautempan, su ciudad natal, se le dedica un monumento en su honor en el jardín que lleva su nombre. Murió en diciembre de 1874, dejando abierto el camino a la pintura mexicana.

Armando Ahuatzi
 

Nació en el año de 1950 en la localidad de San Pedro Muñoztla, perteneciente al municipio de Santa Ana Chiautempan. Desde muy pequeño mostró aptitudes y gusto por la pintura, estudiando por su cuenta las obras de los grandes maestros. Ingresó a la escuela de pintura “La Esmeralda”, en la ciudad de México. Sin embargo, tanto su iniciación artística como su verdadera formación profesional, se las debe al maestro Carlos Ayala Vallarta, destacado maestro de pintura.

Ahuatzi puede considerarse como uno de los continuadores de la pintura mexicana, impulsada en el siglo pasado por otro pintor tlaxcalteca: Agustín Arrieta  Ahuatzi, quien ha influido en las nuevas generaciones de pintores tlaxcaltecas, motivándolos a rescatar lo mexicano. Sus obras, al igual que Arrieta, invitan a apreciar jarrones, fruteros, alacenas o frutos de la tierra como chirimoya, granadas, zapotes, todos ellos pintados en forma tan real, que se antojan saborearlos y tocarlos. 

Maneja la luz y la hace jugar sobre el cobre, el aluminio o el barro, la obliga a darles vida a los cristales, copas y botellas y a volver transparentes los vinos, y no descuida las ofrendas de difuntos, con sus panes de muerto, dulces de calabaza, flores de cempansúchil y sahumerios, de tal manera que su obra completa resulta un alimento para la vista y el recuerdo. Sus pinturas se han expuesto en galerías de Londres, Nueva York, Texas, Monterrey, Ciudad de México, Aguascalientes y Villahermosa, así como en el festival cervantino que se lleva a cabo en el estado de Guanajuato y otros lugares del país.

Luis Munive y Escobar

  Religioso nacido en la ciudad de Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala, en 21 de junio de 1920, estudio en el seminario palafoxiano de Puebla, ya para el 12 de noviembre del año de 1959, fue consagrado obispo de Tlaxcala, en 1969 fundó el seminario, en 1969 inauguró el nuevo edificio del seminario de la “Y”. Luchó por que la santa sede, en 1975 le concediera la traslación de la catedral de la parroquia de San José al templo franciscano de la Asunción en la ciudad de Tlaxcala. En 1978 fue  miembro adjunto de la congregación para la evangelización de los pueblos. Un año después es elegido presidente del departamento de misiones del CELAM, tres años después en 1983 es elegido como presidente por segundo congreso misionero latinoamericano celebrado en Tlaxcala. Además de ser encargado del instituto de misioneros seglares por disposición de la conferencia episcopal mexicana
José Manuel Saldaña
  Nació el 28 de noviembre de 1805 en Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala. Estudió teología en el seminario Palafoxiano de Puebla, y se graduó de licenciado en derecho civil. En 1848 fue jefe político de Tlaxcala. En 1857 fue presidente del primer Congreso Constituyente del Estado, don firma la primera Constitución Política del Estado. En 1862 fue gobernador del estado, poco después fue presidente del Tribunal de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Falleció el 4 de noviembre de 1886 y  sus restos fueron sepultados en el cementerio del convento del Padre Jesús, en Santa Ana Chiautempan.
Miguel Meneses Cuatianquiz
 

Nació en Santa Ana Chiautempan el 7 de Mayo de 1915, sus padres fueron  Joaquina Cuatianquiz y Severo Meneses Jurado quien fuera Presidente Municipal Constitucionalista en 1930, de quien heredó el deseo de servicio y conociendo ampliamente las necesidades y carencias de la población, fue nombrado Presidente de la Junta de Mejoramiento Cívico y Material de Chiautempan en 1962. Desempeñando una labor trascendental de carácter intermunicipal e interestatal formando el Plan Malintzi cuyas metas eran los siguientes puntos: Protección Ideológica(por las continuas inundaciones en las que era afectada la ciudad). Protección Ecológica. Urbanización(construyendo 16 caminos y 52 calles). Educación. Mejorar la calidad de vida.

En 1963 el presidente de la Republica Adolfo López Mateos le otorgo el reconocimiento por su labor desempeñada en la cuenca de La Malintzi. En 1964 la cuenca del Río Balsas le otorga el reconocimiento por realizar el trabajo de mayor envergadura en menor tiempo y costo para la protección Hidrológica del Río Balsas. En 1965 la Cuenca del rio Lerma Chapala Santiago le otorga el reconocimiento por la labor desempeñada en la protección hidrológica y ecológica. En junio del 2000 del 3 al 10 la Presidencia Municipal de Chiautempan otorga la semana de la Ecología 2000 Miguel Meneses Cuatianquiz. Y en Junio 14 el C. Gobernador Alfonso Sánchez Anaya y el Coordinador General de Ecología Alfonso Macias Laylle le otorgan el reconocimiento por su labor desempeñada a favor del Patrimonio de Tlaxcala.

Cronología de Hechos Históricos

Fecha
Acontecimiento
1400
Se inicia el fortalecimiento para el teñido con la producción de ixtle y algodón.
1900
Se instalan en el municipio de Chiautempan, el telégrafo y el correo
1908
La energía eléctrica es introducida en el Estado de Tlaxcala y Chiautempan es uno de los primeros municipios beneficiados.
1914
El general Máximo Rojas, decide que Chiautempan fuera la capital de Tlaxcala, trasladándose las autoridades federales y estatales a la capital provisional. Chiautempan no solo fue la capital provisional, sino la sede de la comandancia militar del estado, lo que implicó un movimiento mayor al que estaba acostumbrado, adaptándose a las circunstancias para el triunfo de las fuerzas constitucionalistas.

Porque la historia siempre la han escrito los triunfadores.
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